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martes, 13 de noviembre de 2007

Acerca de hombres y mujeres

Hacía tiempo que tenía ganas de hablar del rol de hombres y mujeres en Serbia y este fin de semana pasado he vivido algunas situaciones y he tenido algunas conversaciones que han hecho que quisiera sacar hoy el tema a colación. Os cuento:

El sábado por la noche había quedado con unos amigos para salir. Ellos habían quedado a las 22h en el local y yo, como trabajé hasta esas horas, dije que iría más tarde. Me presenté a eso de las 23.30h, después de pasar por casa, cenar, darme una ducha y arreglarme. Al bar llegué sola y en la cola para entrar, coincidí con uno de los que venían. Con él y su novia, a quien no conocía hasta el momento. Estuvimos hablando y al llegar a la caja, el tío insitió en pagar la entrada, lo cual me mosqueó. Pero bueno, a lo largo de estos dos años ya he discutido bastante sobre el tema con los hombres de este país y estoy harta de hacerlo, así que no me voy a oponer más.

La cuestión es que cuando llegamos al guardarropa, insití en pagar yo. Él, por supuestísimo, se negó. Y yo dije que por lo menos me dejara pagar mi parte. Él y su novia pasaron delante, y el tío aboquinó por los dos. Momentos más tarde, me tocaba a mí pero se me coló un gigante sin darse cuenta. Al llamarle la atención los amigos con cierto tono de guasa, el chaval insitió en, por favor, pagarme el ticket del guardarropa. Le dije que no era necesario, pero se puso tan pesado que al final acepté. Quizá no debería haberlo hecho, siendo coherente con mis ideas, pero es que a veces parece que no entiendan que ambos podemos pagar, que no siempre necesitan hacerlo ellos. ¡Qué pobres el dineral con el que tienen que salir cada fin de semana! Sin embargo, creo que esta sociedad funciona así y se regula conforme a los principios monetarios y relacionales que la marcan y que son difíciles de cambiar. Os explico más adelante cómo lo entiendo yo.

Entramos en el local, y os aseguro que si hubiera querido beber gratis toda la noche, lo habría podido hacer, pero paso. Odio que me paguen todo los hombres en este país. Odio que las señoritas se dejen pagar. Odio que ese sea el chantaje que les hacen: ellos pagan, ellas se sienten así pagadas, y se convierten en submisas que jamás se atrevirán a reberlarse contra “su hombre, ése que las quiere tanto porque las mantiene y les abre la puerta cada vez que entran o salen de algún sitio”. Ése que presume tanto por saber cuidar a una mujer, pero que después la tiene a sus pies en casa. Se desentiende de ella y de todo, y sólo responde a lo monetario y a temas familiares de importancia.

De hecho, aquí, el día del parto, ella va solita al hospital. En todo caso, irá acompañada de su madre, hermana o amiga. Él, mientras, estará celebrándolo por todo lo alto con sus amigos en la kafana, emborrachándose. Y me parece muy bien que lo celebre. Pero puñetas, que lo haga con ella días más tarde y que mientras la acompañe en esa labor tan difícil de traer un hijo al mundo. Personalmente, lo entiendo como un proyecto común, aunque la naturaleza e haya dado mayores responsabilidades a un miembro de la pareja durante unos meses. Estoy segura de que toda mujer en esa situación tan "agridulce" agradece un poco de apoyo moral por parte de su pareja.

O por ejemplo: ellas van como barbies. Monísimas. Arregladísimas. Pintadísimas. Depiladísimas. Cuando les planteas para qué tanta belleza femenina llevada al extremo, te dicen que tienen que estar guapas para los ellos. Si me parece muy bien. También a mí me parece que el cuidado físico es importante y es un respeto que le debes a tu pareja, pero que también ellos respondan entonces con los mismos criterios de belleza. Y creo que ahí cambian las cosas: los muchachos no salen de su chándal y sus bambas, y de sus cabezas rapadas. Pues qué injusticia, ¿no?

En fin, con todas estas ideas y otras, regresé a casa dándole vueltas al coco, y nuevamente salió el tema el domingo por la mañana. Fui a desayunar a casa de la vecina y se empezó a quejar porque su novio se había ido de casa temprano y se despreocupaba de pasar tiempo con ella el único día que tenían libre los dos. Se iba a la casa de apuestas a ver el fútbol y a dejarse unos cuantos dinares, como casi cada hombre en este país (siento las generalizaciones, pero reconoced que la mayoría son así). Cuando le empecé a plantear por qué no me gustan la mayoría de hombres de este país, me dio razón y me dijo que el problema venía de la educación que habían recibido en casa. Ellos, servidos y ellas, a servir. Como en España hace unos años. Pero yo me niego, señores. Sé que hay otras realidades y no estoy dispuesta a aceptar esta realidad (hay quien se salva, ya lo he dicho, pero pocos, poquíssssssimos. Además, suelen ser bastante mayores que yo, curiosamente). Todo este discurso vino porque la vecina andaba quemada por haber tenido que limpiar la casa sola por la mañana mientras él andaba de turné. Y yo me preguntó: ¿Y por qué no limpiarla entre los dos y después irse ambos a divertirse, juntos o por separado? Con lo fácil y cómodo que sería…

Para continuar con el tema, ayer por la tarde-noche salí con un amigo a tomar algo y curiosamente, volvió a surgir el tema. Me decía que como mujer tenía que hacerme respetar: que los tíos fueran educados conmigo, que me abrieran la puerta, etc, etc. etc. Estoy harta de escuchar el mismo discurso todo el tiempo. Estoy harta de que los roles hombre-mujer estén tan sumamente marcados, tan definidos (mal, a mí entender) y que les cueste tanto verlo.

Por ejemplo, el fin de semana pasado estuve en Subotica y me alojé en casa de la hermana de mi amiga Tatjana. Jelena, que así es como se llama, se acaba de mudar a un piso con su novio. Es enfermera y tiene mi edad: 25. El novio, 23. Los dos trabajan. Llegamos juntos a casa, después de que nos recogieran en la estación de autobuses, y él se fue directo al sofá. Nosotras a la cocina. Preparamos todo para cenar. A la mesa nos sentamos el chico y yo (la invitada). Tatjana se unió minutos más tarde, pero su hermana no lo hizo hasta que todos terminamos de comer y, por supuesto, se tomó los restos de sopa y un poco de pan con ajvar que también había quedado. Yo me sentía faltal e insistí en repetidas ocasiones en que se sentara a comer con nosotros, pero me dijo que no, que ella era la anfitriona. Jolines, ¿y él? Él también, y allí que estaba zampándose la cena, tan tranquilo. Ya sé que son costumbres de un país, pero… me ponen negra, negra, negra.

Y a poco que se me ocurra quejarme o plantear mi visión, soy una feminista de mucho cuidado. ¡Yo! ¡Justamente yo! Es cierto que defiendo a la mujer, pero creo que no le doy más. Simplemente busco igualdad. Creo que trae mayor felicidad para todos y, a la larga, evita resignaciones de pareja y mucho quemazón. No quiero estar echando chispas como la vecina constantemente… Y si no eres feminista, eres “a really smart ass”. O sea, que la mujer por naturaleza, tonta. ¿Será posible...? Y después no quieren que los tildes de machistas.

martes, 6 de noviembre de 2007

Ojalá

Ayer me encontré este artículo en la página web del EL PAÍS: La UE inicia el diálogo con Serbia tras constatar sus esfuerzos para detener a criminales de guerra, y evidentemente no me pude contenerme y lo colgué. A muchos de vosotros probablemente ni os interese, y lo entiendo. A mí nada de esta zona me interesó en los medios de comunicación españoles hasta que la pisé por primera vez y después, cuando ya me atrapó.

El caso es que para una vez que hay algo y es positivo, pues quisé compartirlo. Las dos últimas semanas, casi por casualidad (o no), hemos estado hablando bastante de política: de la UE y Serbia, de Serbia y Kosovo, de la UE, USA y Kosovo, de Serbia y la guerra, de las consecuencias que ha tenido que pagar el país, etc. Temas todos muy complejos y acerca de los que yo no sé más que breves pinceladas de lo poco que he leído y de lo que me han ido contando cómo lo vive y siente la gente de a pie.

Al respecto, sólo quería manifestar que me tiene un poco preocupada el tema Kosovo porque en dos meses no sé dónde podamos estar. Con el nuevo plan de la ONU, por aquí se rumorea que los kosovares dicen que van a declararse independientes sí o sí el 10 de diciembre, al margen de la opinión de Belgrado. Belgrado dice que no da Kosovo, ni de broma. Los más abiertos quieren creer que Serbia no se meterá de nuevo en guerra, que ya está escarmentada. Los más nacionalistas yo creo que irían. Pero bueno, tan trágica no quiero ser. Sólo espero que no se arme la de dios en este polvorín balcánico, ya que no quiero salir por patas por Navidades anticipadas. Prefiero tenerlas tranquilas y a su debido tiempo.

Respecto al artículo y el paso de acercamiento que esperan volver a dar a partir de hoy Belgrado y Bruselas (ojalá, ojalá), creo que es un punto a favor y un motivo para sonreir. Dicen los que se han aventurado por zonas de Bulgaria y Rumanía (yo espero hacerlo en diciembre :))), que no entienden cómo estos países son ya miembros de la UE desde el 1 de enero de 2007, y no lo son otros países como Croacia o Serbia. Evidentemente, eso me lleva a pensar que son básicamente motivos políticos. Politólogos, ¿es así? Si no, refutadme, please.

Pero bueno, a lo que iba. Quería decir hoy que aunque no entiendo mucho de datos económicos ni políticos, sí veo cómo en los dos años que llevo aquí Belgrado ha experimentado cambios fruto de movimientos económicos y políticos. Aquí van algunos que se me ocurren así, al tun tún:

- Hay una mayor comunidad de extranjeros y se oye bastante inglés por la calle. El primer año, eso no ocurría ni de coña y me sentía atrapada en un mundo del que entendía poco o nada. Sobre todo, cuando se presentaba en cirílico. Backpackers todavía se ven pocos; creo que la oleada extranjera la forman por el momento diplomáticos o empresarios. O lectores y profesores cervantinos, claro está :)

- Sin embargo, y a pesar de que no es por el turismo, como acabo de decir, se nota el aumento de albergue en el centro de la ciudad. Recuerdo el primer año que vine, nada de nada: la única opción eran hoteles viejísimos, grises y austeros, a lo comunista. Además, carísimos para el extranjero: no menos de 40 ó 50 euros la noche.

- Desde el verano pasado, han empezado a llegar cadenas de cafeterías al estilo del Starbucks. Ésa precisamente no ha aterrizado todavía en el país, y no sé cuánto pueda tardar en hacerlo, pero bueno, a lo que me refiero es al concepto de franquicia. Además, han montado una pastelería en el centro con la que he flipado: igual como las de Budapest, esas grandes, enormes, al estillo versallesco, con un montón de pasteles. Irene, en la que desayunamos aquella mañana en Belgrado este verano pasado, ¿te acuerdas?... No he vuelto a pasar muchas veces por delante. Mejor evitar que la vista capte esos dulces.

- Desde el 1 de noviembre, tenemos el Delta City, un mega centro comercial que no he pisado todavía y que dudo que lo haga en breve, a pesar de ser el tema de conversación en las clases y en la sala de profesores. Está todo el mundo flipado. Según uno de mis colegas: “Tengo que ir porque por fin Europa ha aterrizado en Belgrado”. Puede que desde España este concepto no se entienda demasiado, pero cuando estuve en Estambul y regresé a Belgrado, me pareció mucho más europeo Estambul (en todos los sentidos) que Belgrado, a pesar de estar entre dos mundos y ser considerado como algunos como un laicismo amenazante y retrasado.

- Desde que llegué, hay una actividad constructora frenética en ciertos barrios de la ciudad: no hacen más que construir, construir, y construir edificios nuevos. Genrealmente de viviendas, aunque también mucha oficina. Además, poco a poco se va viendo cómo restauran fachadas del centro. Recuerdo mi primer paseo en 2005 por la calle paralela a la que vivo: aluciné con el gris de las fachadas, con los balcones medio caídos, con el deterioro de las casas… Y aunque es verdad que alguien de fuera lo continuaría viendo así, aquí se ve cómo poco a poco van mejorandolas. Me hubiera gustado en aquel entonces echar algunas fotos, aunque ni siquiera tenía la cámara conmigo en Belgrado y me resistía a comprar una digital. ¡Cómo hemos cambiado!

- Aumento de la variedad de productos en el supermercado, aunque no es tan extensa como en España u otros países de alrededor. Sin embargo, el año pasado recuerdo que la revolución fueron los Actimel, de procedencia española :)

- La oferta telefónica también se ha visto ampliada. Cuando llegué, apenas existían dos compañías: una estatal y otra privada. Hoy en día hay muchas más y ya empiezan a haber las ofertas de planes a los que tan acostumbrados nos tienen Movistar, Vodafone, etc, etc, etc.

- La presencia de compañías de vuelo de bajo coste. De momento sólo vuela una, Germanwings. No es de muy bajo coste si se las compara con las ofertas que tenemos en España o que llegan hasta Budapest, pero bueno, es cierto que si te cuesta volar a Belgrado 100 euros desde Alemania, pues ya pienso que es barato. La media para salir del país suele rondar los 350 euros. También la compañía nacional, la JatAirways, ofrece vuelos más baratos a los países colindantes: me fui por unos 100 euros a Montenegro y a Ljubljana, todo un ofertón para el país :)

Aunque parezcan tonterías, os aseguro que cada uno de esos hechos es un gran paso en este país. Un país que llevaba cerrado desde los 90 y cuya población no sólo ha pagado las consecuencias económicamente con la falta de un montón de cosas que en España damos por supuestísimas y ni siquiera las valoramos (yo la primera), sino también mentalmente y en la forma de ver el mundo. El estricto sistema de visas por el que los hacen regirse no les ha permitido a la gran mayoría moverse más que por este pequeño país. Pero este tema de visas, mejor lo dejo para uno de estos días porque seguramente tendré que enfrentarme a él cara a cara a lo largo de este próximo mes. Querer tener invitados serbios en la comida de Navidad en casa es algo que no se decidirá probablemente hasta 48 horas antes de susodicha comida. Triste. Muy triste. Pero de momento, es lo que hay. Ojalá que pronto, si las conversaciones con la UE tienen sus efectos, pueda decir otras cosas. Aunque me huele que será a muy largo tiempo. Ya se verá.

sábado, 24 de febrero de 2007

Tortugas "ninja"

Aquí os dejo unas pequeñas imágenes de lo que se veía esta tarde por las calles de Belgrado, invadido de tortugas ninja azules. ¿El motivo? El derbi Estrella Roja-Partizan, los dos grandes equipos de la ciudad, algo así como un Español-Barça o un Atlétic-Real Madrid, aunque en realidad yo creo que se detestan tanto como en un Barça-Real Madrid. ¡O incluso MÁS!

Es increible lo de este país con el fútbol. Bueno, con los deportes en general. Si bien es cierto que tiene su parte buena (aquí todos crecen practicando algún deporte y son supersanos en ese aspecto. Algunos (no pocos, de hecho), llegan incluso a jugar en selecciones nacionales), también la tiene mala: se desmadran, se les va la pelota cuando ven una pelota saltar de un campo a otro, o de una portería a otra, o de una canasta a otra... En fin, que cualquier deporte es adorado y seguido en esta ciudad de forma extrema, con una adoración y un fervor sin límites. Casi me atrevería a decir que el deporte es el opio de este pueblo.

El año pasado tuve la oportunidad de estar en un partido de baloncesto. Jugaban el Unicaja y el Partizan y, de verdad, aluciné. Era impresionante ver toda la grada "negriblanca" saltando, vitoreando, gritando, sudando,... el pabellón entero vibraba. Se volvían locos, y eso que perdieron. Por supuesto, ni se me ocurrió abrir la boca o saltar cuando el Unicaja hacía canasta. Iba advertida, de hecho, por parte del amigo que me acompañaba, quien me había hecho prometer que, ganase o perdiese el Unicaja, debía mantenerme al margen de la emoción: “Con esta gente nunca sabes qué puede pasar, cuál va a ser su reacción”. Y en efecto: meses más tarde, en uno de los encuentros Partizan-Estrella Roja, la grada se vino abajo porque los hinchas de un equipo estaban saltando y yendo a buscar a los del equipo contrario y tuvieron que suspender el partido. La noticia se publicó, incluso, hasta en El País.

Hoy, después de 11 años, ha ganado el Partizan. No he salido todavía a la calle, pero estoy segura de que va a ser el comentario de esta noche, como lo son el lunes los resultados de la Liga de Fútbol española, que ocupa un conocido canal de televisión serbio cada tarde de domingo. No es extraño que algún alumno te venga a hacer el comentario sobre los resultados del Valencia (ante los cuales mi cara es de desconocimiento o sorpresa, normalmente) porque saben que eres de allí. O incluso, que llevados por su emoción, por su afición, te regalen una bufanda del Partizan o del Estrella Roja, o un DVD con los mejores goles de la historia de ese club de fútbol. Es increíble la dimensión de la locura futbolera en este país.