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domingo, 22 de julio de 2007

Lisboa y sus alrededores

(Aunque esta entrada aparece publicada el 22 de julio, en realidad la estoy escribiendo el 28)
Por fin ha terminado el curso de portugués. Por fin, estoy totalmente libre y con posiblidades de disfrutar Lisboa al máximo, lo cual me ha llevado a cambiar mi billete de avión para el lunes 30 y quedarme unos días más puesto que sentía que esta ciudad todavía podía ofrecerme más. Justo ahora es mediodía y afuera hace un calor terrible, así que he decidido regresar un ratito a casa para dejar que pase este calor tan fuerte. Más tarde saldré para visitar la Casa del Fado y pasear un poco por el barrio de Graça, que todavía no lo tengo muy visto. Dado que tampoco tengo ya nada que hacer, he decidido actualizar el blog y explicar qué tal ha ido esta última semana por acá.





En cuanto a cuestiones académicas, debo decir que me siento bastante contenta al final porque pensaba que no había aprendido mucho portugués pero he visto que, por lo menos, algo sé ya que el martes hice el examen oficial de portugués (el equivalente al DELE inicial), y fui capaz de entender todo lo que se me pedía y escribir incluso una carta formal y otra informal sin muchos problemas. Tendré que esperar a los resultados que recibiré en un par de meses, pero yo creo que uno en el fondo sabe más o menos cómo le fue.





También esta semana pude desahogarme en las autoevaluaciones de los profesores y de la organización de los cursos en general. Fui bastante crítica y acabé escribiendo dos hojas por delante y por detrás en portugués, hecho que me hace pensar que obligatoriamente he mejorado en algo mi expresión escrita ya que hace 4 semanas justas no quise hacer el test de nivel porque sabía que no iba a dar ni bola, puesto que no sabía escribir absolutamente nada.

En cuanto a temas extraacadémicos, genial. Este fin de semana pasado estuvo altamente (como dicen los portugueses para decir "muy bien"). El viernes fue la fiesta de final de curso organizada por el Servicio de Alumno al Estudiante. No estuvo mal, si bien es verdad que participaron pocos estudiantes (unos 50). Calculo que en total, en los cursos, éramos unas 150 o 200 personas. También el número de profesores se podía contar con los dedos de una mano (Ahí me di cuenta de lo mucho que se alegran los alumnos cuando un profesor asiste a este tipo de eventos, algo que no siempre apetece desde la otra óptica), pero los pocos que estuvimos presentes, lo supimos pasar bien: primero unas saridinhitas grelhadas y después, baile, mucho baile. Los chinos macaensese (de Macau, una antigua colonia de Portugal en el China) al comienzo no querían salir a bailar.
Saqué a un par de macaenses de mi clase, y de ningunas de las maneras conseguí hacerlas mover ni un centímetro de su cuerpo; sin embargo, 2 horas después vi que empezaban a soltarse, aunque siempre dentro del grupo de macaenses. Les daba pánico tener que bailar con "occidentales"... No entiendo por qué. La verdad es que me ha gustado el grupo de chinos que hemos tenido esta vez en los cursos. He aprendido mucho con ellos y me han hecho reflexionado bastante, sobre todo, teniendo en cuenta que cabía la posibilidad de que me mandaran a China a trabajar. De entre todos los macaenses, con la que más relación he tenido ha sido con Anabela, quien, además de simpática, tiene una carita tan dulceeee... Me encanta. Aquí os la presento:

Y nada, el sábado lo aprovechamos para hacer más turismo interno por Lisboa. Lo dedicamos al tramvía 28, a la casa de Fernando Pessoa, al Parque da Estrela, al barrio de Alfama, al Barrio Alto, a degustar la gastronomía portuguesa, siempre sorprendente... Fuimos las tres mosqueteras (Marina, Helena y una servidora) y la verdad es que lo pasamos mu bie'. Como de costumbre, ahí van algunas fotos:






El eléctrico 28, el más turístico de todos, que recorre la Alfama y la Lisboa Baixa. Este fue el origen de nuestra jornada turística y nos llevó hasta el barrio donde vivió Fernando Pessoa. Es el tranvía más turístico de la ciudad, pero realmente recorre zonas muy interesantes y con mucho encanto.


Pero no es el único . Aquí hay otros también interesantes:



Tranvía que va desde lo alto del Barrio Alto hasta la zona portuaria de Cais de Sodré.


El Barrio Alto es un barrio supercurioso. Está en el pleno centro del Lisboa y, a diferencia de como imaginamos el centro de una ciudad (incluso más bien me atreviría a decir "capital"), éste no está bien cuidado. Más bien está muy, pero que muy descuidado, aspecto que para el turista al que le gusta callejear y vivir el ambiente de la calle puede resultar interesante, pero que yo detestaría si fuese un lisboeta que tiene que vivir en estas calles cada día de mi vida. Aquí os paso algunas muestras:


Puerta de una casa de la que quedaba poco más que la fachada principal.


Estado general de muchas de las casas del Barrio Alto.


Sin embargo, y curiosamente, por las noches este barrio se convierte en el punto de encuentro de muchos lisboetas y extranjeros que invaden los ciento y un locales que hay por todo el barrio. Es una pasada. No importa qué horas sean, ni sábado, domingo, lunes o miércoles... qué más da... siempre hay gente hasta el punto de abarrotar las calles y resultar difícil moverse por algunas zonas.


Sin embargo, lo que más me sorprendió el sábado fue algo que descubrimos mientras andábamos por la calle, sin irlo a buscar: El Cementerio de los Placeres, un cementerio situado justo al final de la línea del "Eléctrico 28". Un cementerio de gente adinerada de los siglos XIX y XX que nos dió una primera idea acerca de cuán diferentes son los cementerios portugueses. Y es que en este mes me he percatado de lo cercanos geográficamente hablando que estamos españoles y portugueses y lo lejanos que estamos en otras cosas. Apreaciación que no sólo hago en relación a los cementerios, sino también a otros aspectos que pueden abarcar desde los horarios (de los que ya hablé), hasta ciertos rasgos lingüísticos (que otro día comentaré). Aquí van algunas fotos de dicho cementerio:



La Rua 14 del Cementerio de los Placeres. Realmente, si uno desconoce que se trata de un cementerio y no relaciona los cipreses con este tipo de lugares de descanso eterno, dicha fotografía podría pasar casi casi por una calle de casas bajitas, cada una con sus puertas, sus ventanitas,... y hasta sus cortinas para protegerse del sol. Y si no, mirad las siguientes fotografías, que fueron algunos de los aspectos que primero nos sorprendieron en susodicho lugar:




Incluso algunos siguiendo la moda IKEA del siglo XXI:



Pero la gran sorpresa nos la encontramos cuando metimos la cabeza entre las cortinitas o entre alguna puerta medio abierta y descubrimos que esta gente no cierra las cajas en piedra, sino que las dejan tal cual, a la vista:




Por cierto, en esta foto anterior no sé si veis una pequeña botellita justo a la derecha del barrote de la derecha: se trataba una botella de ginginha, el licor de cereza del que hablé en alguna entrada anterior en la que explicaba nuestra visita al Castillo Medieval de Óbidos. Pues bien, a modo de ritual egipcio, también aquí parece ser que acostumbraban a dejarles a los muertos lo que les gustaba hacer en vida.


Por cierto, hablando después con los propietarios de una tasca portuguesa a la que hemos ido a comer varias veces, nos comentaban que para ellos era mucho mejor su forma de enterrar (dejando las cajas al aire libre), puesto que sentían que tenían a los muertos mucho más cercanos que si los encerraban en piedra. Nuevamente: hay que ver cuánto nos influye la cultura, cómo determina nuestra forma de ver el mundo, de sentir, de vivir y morir... En fin...


El domingo fuimos a Sintra, un pueblo que queda a unos 30 kilómetros de Lisboa pero que es una pasada porque tiene un microclima especial que hace que haya una vegetación abundante y totalmente diferente a la planicie que lo rodea. Creo que esta belleza natural fue la que llevo a la realeza portuguesa a instalarse allí hace unos cuantos siglos (aunque ahora carecen de ella), además de lo bonito que resulta el pueblo, de influencia árabe:




Sin embargo, hoy en día, lo más atractivo de Sintra son las tres grandes construcciones que tiene. La primera que se puede ver es el Palacio Nacional, situado justo en el centro del pueblo y en donde hay una magnifica colección de azulejos, que son abundantísimos en Portugal y, por supuesto, tienen su origen en la presencia árabe en la Península. Tanto en Sintra como en Lisboa es muy frecuente encontrar cientos de fachadas recubiertas de azulejos; cada una con su cenefa, con su color, con su carácter. Son una auténtica pasada. La verdad es que a lo largo de este mes he conseguido hacer una buena colección de fotos de azulejos. A ver si uno de estos días cuelgo algunas:




Palacio Nacional de Sintra. Lo que más me sorprendieron fueron esas dos grandes chimeneas que durante la visita descubrí que se correspondían con las chimeneas de la cocina del palacio.


Nuestra segunda visita fue el Palacio da Pena, que es la gran atracción turística de Sintra y que, curiosamente, cuando llegué y lo vi me recordó muchísimo a la visita del Palacio de Neuschwanstein (aquí os dejo un link para los que no lo reconozcáis por el nombre: http://www.viknet.pl/swiatnarowerze/neuschweinstein.JPG), en Alemania, aquel verano del 2001. ¿Os acordáis, meninas, cuando alquilamos aquellos Ford Ka y nos fuimos las 5 de ruta turística por el sur de Alemania? ¡Qué tiempos!



Pero lo más curioso fue que, leyendo la guía turística, el arquitecto del Neuschwanstein es el mismo que el del Palacio de Pena, ya que el rey de Portugual lo mandó traer para que dirigiese las obras. Flipé, pero es que en cierto modo tenía que existir alguna relación porque ambos palacios están situados en lugares muy muy semejantes, tienen una forma muy similar y, para el gusto actual, resultan kitsch a más no poder.

El Palacio de Pena, situado arriba de una colina, a 7 km. del centro de Sintra y al que accedes después de atravesar una zona con una vegetación densísima.


Aspecto del castillo.

Detalles de las ventanas


El interior del palacio es una pasada porque se conserva con todos los muebles y cosas que usaba la realeza en su día a día. Dicen que la habitación de la reina Amalia está tal cual la dejó el día que tuvo que exiliarse porque habían proclamado la república (1910). La verdad es que está superbien conservado y aluciné con la riqueza que atesora, con muebles procedentes de todas las colonias portuguesas que, a mi parecer, resultan mucho más exóticas y variadas que que tenían los españoles... Había muebles espectaculares. Y bueno, si yo flipé, más fliparon todavía los dos estadounidenses con los que fui para allá. La verdad, no me imagino viviendo un país donde no exista nada de esto, donde la cultura se remonta únicamente a cosas que tienen 300 años...

La última visita que hicimos fue el Castillo de los Moros, situado justo en la colina de enfrente del Palacio de Pena. Para llegar hay también que atravesar una zona de montaña con una vegetación fascinante y con formaciones rocosas no menos sorprendentes. Aquí van algunas fotos:

El Castillo de los Moros visto desde el Palacio da Pena. (Está justo a la izquierda, sobre la colina de rocas... no se aprecia muy bien, la verdad).

De camino al Castillo

Ya dentro del Castillo, que recorrimos de cabo a rabo. De hecho, empezó a anochecer cuando estábamos allá arriba y en lugar de ir por el camino convencional, nos aventuramos a bajar por el medio del bosque. Llegó un momento que estábamos los 3 cagados, pensando incluso en los escasos minutos de luz que podíamos tener, pero al final todo salió bien. Curiosamente, cuando el pánico se apoderó de nosotros, estábamos a escasos metros del pueblo, pero la vegetación era tan densa que no nos lo permitía ver. Cuando lo descubrimos, os podéis imaginar las risas que nos echamos :)



Y nada, esta semana las visitas se han centrado más en Lisboa y Bélem. A ver si uno de estos días tengo tiempo para colgar algunas fotos. Ahora me voy para Graça, puesto que me gustaría ver la Casa do Fado antes de que la cierren. Hasta la próxima.

domingo, 15 de julio de 2007

Segunda semana en Lisboa

Dos semanas en Lisboa y una sin pasar por este diario. Definitivamente, no estoy cumpliendo con esos objetivos blogfolianos que tenía, aunque voy a intentar enmendar mi actitud en las dos próximas semanas, que también son, muy a mi pesar, las últimas. Matizo que "muy a mi pesar" porque parece que Lisboa empieza a resucitar, por fin: la gente de la clase ya habla, ya tengo tiempo para salir, he empezado a hacer mis primeras escapadas fuera de Lisboa (sin contar los viajes a Madrid), están planeados los primeros conciertos, cenas, etc. y, como no, también mi portugués empieza a coger forma :) Ya hablo, ya... aunque sean frases cortas y con una pronunciación que necesita mejorar mucho. Pero lo importante, de momento, es que me comunico, que consigo mis objetivos :)

En esta última semana he tenido que ponerme bastante las pilas con todo lo que habían hecho en clase los días que no anduve por la universidad: ¡Qué barbaridad! Todos los tiempos de Indicativo: presente, todos los pasados, futuro, condicional,... además de preposiciones, pronombres de OD y OI,... y como no, sin acompañarlos de actividades comunicativas que demuestren cómo se usan, ni actividades que permitan ponerlos en práctica de forma real y próxima a las comunicaciones del día a día; en este lugar, el manjar se sirve en bandejas gramaticales acompañado con absurdidades de una calidad suprema del tipo: "Bueno, el futuro y el condicional los portugueses no los usamos prácticamente, así que os los aprendéis para el examen; en realidad, no necesitáis usarlos fuera de clase". ¿Cómo se puede hacer semejante comentario en clase? ¿Cómo se puede entrar diciendo que los pronombres son complicadísimos? Son un fenómeno que se dan en todas las lenguas, y deberíamos partir de ese principio; cada alumno que fuese capaz de identificar el fenómeno en su idioma y luego, ver las diferencias. ¡Pongámos en práctica el interlingüísmo que tanto vendemos!... Sigo en mi sopresa constante, en mi incredulidad, aunque dentro de mí hay algo que me repite: "No sé por qué te sorprendes. ESA es la realidad que sigue abundando en Europa, se quiera o no".

Definitivamente he llegado a la conclusión de que mi queridísima profesora hace mucho tiempo que no pasa por un curso de metodología porque, además de presentar los contenidos como vengo explicando en mis últimas entradas, le encanta ser el centro de atención: hablar, hablar, hablar, hablar y hablar. Le encanta escucharse y apenas conoce lo que es "escuchar al alumno" sin corregirle, dejarle hablar, expresarse. A cada dos palabras, interrumpe y nos suelta un rollazo aburrido, poco interesante para quien tiene ganas de contar. Bueno, y hace un montón de cosas más que sonarían aburridas y pedantes en estas entradas y con las que tampoco me apetece daros el coñazo, pero que son de ponerse las manos en la cabeza.

Pero si algo me ha alegrado en clase esta semana es que, por fin, ha resucitado cierto espíritu grupal. Todavía no me atrevo a proclamar la buena nueva a los cuatro vientos, pero anteayer viernes ya fuimos a la cafetería 4 de nosotros e incluso después, al terminar la clase, 2 me propusieron que por qué no hacíamos algo juntos esa tarde. Rechacé porque ya tenía planes con Raquel, una compañera venezolana del máster que vive acá en Lisboa, pero me alegró la propuesta que, aún no ser nada interesante para mi gusto (ir a comprar ropa), no dejaba de ser un primer paso :)

En general, sigo saliendo con los de un nivel superior, los de intermedio. Me llevo mucho mejor y, además, aprendo un montón con ellos. Esta semana hemos paseado y salido bastante por el Barrio Alto, que es una pasada. A pesar de ser un barrio bastante degradado, viejo y lleno de "actos vandálicos", hay un ambiente que te mueres. No hay más que llegar un día cualquiera entre semana a partir de las 23:30 o 24:00... Las calles están repletas y, según dicen, hasta el amanecer. Yo no he estado hasta más allá de las 3 de la madrugada, pero me lo creo. El lunes estuvimos en la "Janela de Atalaia", un bar donde nos habían dicho que había conciertos de música brasileña, pero el dueño nos dijo que ya no, que habían dejado de hacerlos. Así que tendremos que buscar una alternativa.

El martes y el miércoles terminamos en el mirador de Santa Clara, donde un día vimos la puesta de sol y donde otro terminamos la noche hablando con unos mozambiqueños simpatiquísimos que nos explicaron un montón de cosas de su país... ¡Qué desconocida que me resulta África!¡Qué vergüenza! Ese tipo de conversaciones y reflexiones me hace pensar en qué egocéntricos somos los europeos... jamás vamos más allá de nuestras fronteras, mientras que el resto del mundo conoce las suyas y las nuestras... Estuvimos hablando de la situación lingüística del país, donde conviven más de 20 lenguas diferentes, muchas de ellas sin literatura escrita, pero con una fuerte tradición y con unas ganas enormes por parte de la gente de que no se pierdan. Y ante estas otras conversaciones uno se para a pensar también en si las políticas europeas y sus posiciones extremas no resultan también estúpidas...

Y el viernes por la noche terminamos Helena, mi compañera de residencia, y yo cenando en Casilhas, un pueblo que está justo en la otra orilla del Tajo. Sin saber muy bien adónde íbamos, nos aventuramos en uno de esos barquitos que cruzan el río a las 21h y terminamos allá, perdidas por un muelle al que queremos volver con un poco más de luz para echar fotos. De aquel atardecer sólo me salieron algunas bonitas de uno de los puentes que cruza el Tajo. Aquí os dejo una muestra:


Al final del muelle nos encontramos con un restaurante, el "Ponto Final", donde no pensábamos cenar, pero al final terminamos comiendo un "linguado grelhado com batatas", acompañado con un "vinho branco" y de postre, "creme de leite". Todo, delicioso, e incluso mucho más sabroso por el espectáculo natural que teníamos frente a nosotras: un acantilado detrás, el mar al frente, la marea subiendo, una brisa que si bien refrescaba tampoco obligaba a tenerse que echar nada encima,... y risas, muchas risas. Lo pasamos genial y pasada la media noche decidimos que era hora de volver a casa, no fuera caso de que se nos acabaran los barcos. Menos bien lo pasé cuando llegué a casa, ya tarde, y tuve que ponerme a preparar una presentación sobre España para la clase del día siguiente. El viernes al final no dio tiempo, así que al final la hago mañana. A ver qué tal.

Y nada, ayer sábado me fui a Óbidos todo el día. Es un pueblo pequeño a unos 70 kilómetros al norte de Lisboa, pero muy bonito: callejones estrechos, casas muy pintorescas, un castillo muy bien conservado y una muralla que rodea a la ciudad muy bonita. A todo este paisaje histórico, ayer había que sumarle una feria medieval que organizan todos los años en julio, momento en que todo el pueblo viven inmerso en la Edad Media, porque no había persona del pueblo que no fuese vestida de la época. Incluso había turistas que llegaban así. A pesar de que no era la primera feria de este tipo que visitaba, la ambientación me gustó: tenían dinero propio de la época (con su correspondiente oficina de cambio ¡sin comisión, por cierto!), comida de la época, música,...


La música fue de las cosas que más me gustaron y, de hecho, nos pasamos el día persiguiendo a los grupitos que había.


Un grupo de italianos


Otro de portugueses con lo que incluso terminé bailando (abajo: la de blanco y violeta)


Los mejores, para mi gusto, unos catalanes: Els beros de la cort


Y es que allá donde vayas, los reconocerás. No sé por qué, pero lo intuí y al preguntárselo, lo confirmamos: de Girona. Tocaban genial y tenían un ritmo en el cuerpo que daba ganas de ponerme a saltar con ellos... Otra cosa que también me gustó mucho de la feria fue la comida, preparada al instante:

Nosotras comimos espetadas (pinchos) servidas en tejas, chouriço y pan.

Helena y Marina comiendo

Y de postre, varias ginjinhas, un licor de cereza muy dulce que está delicioso. La verdad es que yo no soy mucho de este tipo de bebidas, pero ya me habían hablado antes de él y había leído en la guía al respecto. También una de las profesoras nos había dicho que la ginjinha de Óbidos era de las mejores del país, así que evidentemente, fue llegar y catar: la primera había caído a las 11 de la mañana...


Tres ginjinhas servidas en vasitos de barro, aunque también se toman en vasos de chocolate.
La última, al marcharnos, y entre medio, algunas más :) Pero lo más curioso de esto es que yo pensaba que era típica portuguesa, pero no: Al probarla me di cuenta de que ya la había probado antes. Y es que este año para mi cumpleaños llegó Stevan con una botella de dos litros de un licor de cereza casero producido en el centro de Serbia... ¡Y es lo mismo! También después hablando con Marina, la chica croata con la que suelo salir bastante, me confirmó que efectivamente también existe en aquella zona de los Balcanes... Así que ya veís, incluso a 4.000 kilómetros de distancia y la gente producía lo mismo. Curiosidades que me encanta ver.

Y así siguen pasando mis días en Portugal: con clases, salidas, descubrimientos lingüísticos, escapadas veloces a España,... A ver en qué acaba todo esto.

sábado, 7 de julio de 2007

Primera semana en Lisboa

Mañana cumplo una semana en Lisboa. Y sí, sigo sin poder contar mucho, aunque os aseguran que quedan escasas 48 horas para re-aterrizar en la capital lusa y disfrutarla "tuttiplen" porque lo necesito. La cuestión es que durante este tiempo, aunque es verdad que básicamente he conocido cuatro paredes blancas y un pasillo largo con un baño y una cocina, también he tenido oportunidad de salir un poco, pasear por el centro y callejear por los barrios lisboetas, comer, reirme,... ¡para qué mentir! :)

Y en estas salidas me han sorprendido, en primer lugar, los horarios. Si bien es cierto que Portugal a mí me da la sensación de ser del estilo de los países mediterráneos (y la verdad es que no sé muy bien por qué, dado que no tiene ni un centímetro que dé al Charquito), hay cosas que no lo son: y entre ellas, los horarios. Son completamente europeos. Aquí todo el mundo come a la 1, cena a las 8 y a las 19.30 cierran las tiendas. Lo descubrí cuando hace un par de días salí a esas horas para ir a dar una vuelta y fui a la farmacia para comprar un par de cosas que necesitaba: "Encerrado". Flipé.

También me sorprendió lo mismo anteanoche, cuando salimos a cenar una chica de la residencia y yo. Españolas ambas. Eran las 21.30 y todo estaba vacío... Era tarde, pero aún así, amablemente nos atendieron en uno de los bares de la calle que tenía la cocina abierta hasta las 22.00. ¿Qué restaurante en España cierra a esas horas, si los sábados es casi casi la hora en la que nos empezamos a arreglar en verano? El bar era provinciano a más no poder, como muchos de los lugares de la ciudad, pero con encanto. Y lo mejor fueron la comida y el propietario. Nos sirvieron un arroz con marisco fresco para quitarse el sombrero y además en cantidades generosas: de hecho, de la cazuela acabamos comiendo 4. Y es que en la mesa de al lado había 2 italianas sentadas (aparecieron escasos minutos después que nosotras) que lo miraban con los ojos abiertos (y con la boca hecha agua, mucho me da). Tanto miraban que les ofrecimos, pues teníamos para ir y venir. Y en efecto, acabamos comiendo 4 y sobró.

La comida en este país es deliciosa y barata. Hoy he comido salmón al carbón por 6 euros y estaba de muerte. Iba acompañado de patatas hervidas y ensalada... Y de postre, mousse de mango. ¡Qué bueno! Y es que otra cosa que me ha sorprendido gratamente de Portugal es ver que tienen muchísimos más productos exóticos que nosotros en los supermercados, en los bares, en los restaurantes. ¿La razón? Las ex-colonias. Hay taaaaaaaaaaaaaaanta gente de las colonias viviendo aquí... Y me parece tan bonito, tan multicultural todo, tan rico. En Belgrado las cosas son muy diferentes y extraño, muy extraño, es cruzarte con un negro por la calle. Aquí son muchos y le da un toque fascinante, desde mi punto de vista. Me parece que son un pueblo mucho más abierto en ese aspecto que nosotros. Los ves en todos sitios, integrados en la sociedad. O por lo menos, esa es la visión que tiene una desde fuera. Si hay problemas raciales o de inmigración, yo no los he detectado todavía, aunque también he dicho que no he vivido mucho toda esta realidad. Ya os contaré.

La gente es de una amabilidad extraordinaria. Definitivamente he eliminado todos mis prejuicios hacia Portugal y los portugueses. Y me alegro. El propietario del bar de la calle estuvo allí conversando largo y tendido con nosotras: nos explicó que había nacido en Angola, aunque es de padre portugueses, y que allí había vivido 40 años (calculo que tendría unos 60, pero qué bien puestos... Me pareció un señor muy atractivo, de esos a los que las canas les sientan más que bien:). Sirve platos del país, así que algún día nos pasaremos para probar alguno. Nos dijo que lo visitáramos cuando quisiéramos, que él y la chica joven que trabaja también trabaja en el bar están siempre por allí, así que podemos ir a practicar con ellos. No estaría mal, aunque primero necesito unos cuantos instrumentos lingüísticos porque me siento bastante frustrada cuando intento pronunciar dos palabras en portugués y a la tercera inmediatamente tengo que saltar al español. Pero peras al olmo tampoco se las puedo pedir, la verdad.

Y en cuanto al portugués tengo mucho que decir: muy fácil de entender, pero complejo producir. Es un privilegio llegar a un país como este y entender ya de antemano mucho, muchísimo (desde la publicidad más tonta, hasta el contrato de la residencia... ya quisiera poder entender tanto en serbio después de dos años de residencia en Belgrado!), pero ¿quién se pone a hablar tan bien con una lengua madre tan próxima de la que me es tan fácil coger e intentar transformar a la versión portuguesa?... ¿Y la pronunciación? De fácil nada... Y a mí que no me gustaba el francés porque tenía nasalizaciones y me cojo al portugués, que se las trae :)... Pero no desesperemos. Todo se andará.

De momento, estoy contenta porque esta pesadilla estudiantil acaba y planes hay muchos para la semana que viene. Y seguramente para la otra. Me gustaría salir de Lisboa e irme para Oporto porque a ver si Tirsín se dignas y baja a verme. También quiero ir a la playa, y a visitar algunos pueblecitos de alrededor; ayer decíamos con la catalana de la habitación de al lado de alquilar un coche un día e irnos de turné provinciano. Estaría muy bien :)

Y nada, que me voy a continuar con el estudio, a ver si remato o me rematan los apuntes a mí. Más noticias desde la capital lusa en breve.

martes, 3 de julio de 2007

Primeras impresiones

Ya llevo un par de días en Lisboa. La verdad es que hasta el momento he podido disfrutar y aprender poco. El examen del Cervantes me tiene metida en la residencia y en la biblioteca del Cervantes muchas más horas de las que yo quisiera, pero me consuela pensar que va a ser sólo una semana. No obstante, por otra parte, pienso que es la semana principal en la que se establecen contactos; todo el mundo está solo y necesita hablar, y quizá después me resulte algo más complejo.

De todas formas, tengo que decir que de momento no he encontrado a mucha gente interesante por aquí. Parece que vivo en una residencia fantasma, en donde sólo he encontrado a una vecina de habitación, curiosamente catalana, y al recepcionista. Y ya. A veces oigo ruidos por el pasillo, pero tampoco es plan de salir al acecho de quien ande por ahí fuera. De momento, por lo menos, no lo necesito. Más adelante, la necesidad dirá. En cuanto a la gente del curso, ¡vaya horror! Nadie con quien haya sentido feeling. Ojalá que me equivoque, pero no he encontrado a mucha gente con mi perfil. Yo llegaba con las mismas expectativas que cuando asisto a los cursos de formación del Cervantes, donde normalmente hay gente interesante y con intereses común. Aquí, de momento, nada.

En total somos 9: un francés, dos alemanas de Münich, tres chinas de Macao, un inglés de padres portugueses, una estadounidense con la misma situación, un italiano nacido en Brasil y yo. Había antes una suiza, ya mayor, pero muy interesante, pero se ha marchado para un nivel intermedio. Lo que más me sorprende es que ninguno de mis compañeros va a la cafetería durante el almuerzo para tomar un café y socializar, para entrar en contacto. Todo el mundo ronda solitario por la clase, por los pasillos, pero nada. Así que hoy me he ido sola y me he puesto a leer el diario que he cogido a la entrada del metro camino de la universidad, mientras envidiaba a los otros grupos que están todos juntos tomando algo, conversando, compartiendo, estableciendo los primeros vínculos y formando conciencia de grupo, que está muy bien.

Pero para colmo, me parece que ni siquiera voy a comulgar con la profesora. Si bien ella es "má o meno" simpática y agradable, no me gustan sus clases. Además de que es tranquilísssssima, lentíssssima, repite cuarenta mil veces la misma historia, y me aburre un huevo, hoy ha presentado la primera clase y casi me he pegado un tiro. ¿Alguien puede imaginar por dónde he empezado a aprender portugués?

Se supone que si las cosas son como todo el mundo de la didáctica de lenguas dice que hace, siguiendo el modelo comunicativo, o incluso por tareas, mis primeras palabras en portugués deberían servirme para presentarme: decir mi nombre, mi nacionalidad, mi profesión, mi edad... Pues no. Sigo sin saber cómo se dice y mucho me huele que tendré que averiguármelo yo por cuenta propia porque la señora ha empezado la clase apuntando los meses del año en la pizarra; a continuación, las estaciones del año; los días de la semana; los colores; el presente de indicativo de los verbos regulares; el de algunos irregulares; los posesivos; los demostrativos; los adverbios de localización; la fonética del portugués; las partes del día; las comidas; la familia y la temperatura. En este orden, además, porque lo acabo de copiar literalmente de la libreta. He flipado. ¿Se puede saber a qué comunicación responde esto? ¿Y a qué lógica se adecua? Si no lo veo, no lo creo.

Además, al presentar las formas del presente de los verbos SER y ESTAR, como no, ha explicado en 1 minuto la diferencia de uso, remarcando que era "muy, muy, muy importante" y "muy, muy, muy dificil" y que, por lo tanto, debíamos prestar mucha atención. Agradecida estoy de ser hispanohablante y catalanohablante, pero pobres las chinitas de la clase. Pero, ¿a quién se le ocurre?

Tal ha sido mi desperación, que no pienso ir a clase estos próximos tres días en los que esas 12 maravillosas horas las voy a invertir en preparar mi examen para el Cervantes. Para estudiarme eso, ya me empollo yo solita la gramática que me han hecho comprar junto con los dos otros libros que vamos a usar durante el curso. Éstos, por cierto, han sido elaborados por dos profesoras del Departamento que también trabajan en los cursos intensivos de verano. Han sido publicados en abril de 2007 y siguen, según la información de las tapas y el prólogo, la filosofía del Marco. Se corresponden, según se indica, con un nivel B1. ¡Y una mier...! No se lo creen ni ellas... Alucino cómo la gente tiene esa cara.

Quiero también comentar que me han puesto en un B1 directamente por tener español y catalán como lenguas maternas. Antes de llegar a Lisboa, me parecía buena idea, pensando que era un A2, pero hoy he flipado cuando he visto que directamente me han metido en un nivel intermedio sin tener ni idea, simplemente porque puedo utilizar estrategias de intercomprensión. ¿Y la producción, qué? La verdad es que me parece una burrada y, por supuesto, más esfuerzo por mi parte, pero después, pensándolo bien, he dicho que me quedaba porque ir a un A1 o A2 tampoco me garantiza un aprendizaje comunicativo con las necesidades que yo tengo, sino que será más de lo mismo desde la perspectiva gramatical, pero a un nivel inferior. Así que estoy bien donde estoy; ya me pondré las pilas.

No sé... estoy algo dolida en general. Esperaba mucho más por parte de esta universidad, de estos cursos que son, supuestamente, los que ofrece el Instituto Camoes. Y yo pensaba que en el Cervantes... hoy he comprobado que hay quienes todavía están peor. Pero claro, a ver quién se atreve a cuestionar algo. Yo, de momento, paso. Más adelante, ya veré. Supongo que voy a tener que hacer mucho trabajo comunicativo por mi parte. Pero ahora no puedo, tendrá que ser a la vuelta de Madrid, que ya la estoy deseando.

domingo, 1 de julio de 2007

Lisboa

Han pasado días desde mi última entrada. Días que han pasado por el atropello de un regreso a casa accidentado, días de turismo y diversión en Valencia, días sumamente tristes y días de estrés... Y en ello sigo, estresada. Con un nudo constante en el estómago. Ha habido mil razones por las que no he podido dejar constancia de algunos momentos que me hubiese gustado explicar, pero ahora tampoco tengo ánimo ni tiempo. Sólo quería decir que hoy, entre ilusión y desgana, he aterrizado en Lisboa a primera hora de la mañana. A lo largo de los próximos 28 días espero ir contando mis aventuras por la capital portuguesa.

miércoles, 20 de junio de 2007

Mi última noche

Esta es mi última noche en Belgrado de momento. Mañana, no sé muy bien si con muchas o pocas ganas, vuelvo a España... Por una parte, estoy deseando encontrarme con un montón de gente, de volver "a casa", y por la otra, siento que me arrancan del lugar al que comienzo a pertenecer. Justo ahora, cuando más me apetece disfrutar de esta ciudad, de la gente... justo cuando he terminado con estos días infernales cuyo fin no veía llegar.

Hoy ha sido un día de organizar mil y una historia, de preparar maletas (tengo las bolsas todavía por ahí, esperando a ser cerradas), y de cafés, conversaciones agradables, y despedidas rápidas y llenas de esperanzas. Como siempre que me voy por más de una semana, tengo una sensación rara. No me gusta. El año pasado por estas fechas también me fui y estaba casi convencida de que no volvería. A diferencia de este año, salí huyendo, deseando regresar a España, a los míos... No eran buenos tiempos en Belgrado y ni siquiera me plateaba un nuevo año en estas tierras. El paso del verano me hizo cambiar de perspectiva, y repetí. Después del 10 meses más, siento que me voy, que he sido yo la que ha elegido este verano así y no sé muy bien por qué, puesto que en el fondo no me apetece. Me quedaría, y tan a gusto :(

Cierto es que tengo ganas de vacaciones, de playa, de descanso, que mi mente necesita desconexión para no volverse loca; pero por la otra parte siento que también podría descansar aquí. Me podría pasar el día entero sentada en las terrazas de las cafeterías bebiendo café y charlando; podría dejarme echar un rato en las "playas" de Ada o Lido... O comiendo en algún restaurante en el río. De hecho, hoy he ido a Zemun con Danijela y Ana para degustar una sopa de pescado que estaba deliciosa. Me ha sorpendido, la verdad... Y estaba todo tan bonito; apetecía un montón estar allí sentadas en una de esas terrazas flotantes, rodeada por las aguas del Danubio, con un montón de bosques verdes bordeando el río... Tan diferente de los meses hivernales en los que las aguas reflejan el gris de los bosques, en el que bloques de hielo pueden aparecer tranquilamente surcando las aguas, en los que todo es silencio y muy lejos queda la vida que invade al río en días como estos... O quizá podría escaparme algunos días a Montenegro (que era mi plan veraniego inicial; o a Croacia, donde me han invitado hoy, aunque lo veo difícil en agosto)... También estas noches he estado paseando por Zemun o Kalmegdan... precioso. De verdad, la ciudad es blanco y negro en invierno y en verano. Por eso precisamente creo que me apetece disfrutar de ella en esta época del año. Además, ahora viene el famoso festival EXIT, vienen algunos festivales de cine interesantes,... No sé, quizá guiada por mi estrés, me equivoqué en la decisión respecto a mis vacaciones, pero no hay vuelta atrás.

Mañana vuelo a Barcelona, donde voy a estar un par de días visitando a gente y recorriéndome viejos pasillos pompeianos... El sábado está previsto que parta para Valencia, donde seguramente pasaré una semana, aunque los planes están todavía por confirmar. Y el resto de mis vacaciones (es decir, el mes de julio) en Lisboa, un plan que a pocos días de empezar, y después de haberme ilusionado muchísimo orgizándolo, siento que poco o nada me apetece...
Cierto es que muchas veces me pasa lo mismo: no quiero irme, estoy bien donde estoy, y después lo que me cuesta es volver. Si todo sale como de costumbre, me lo acabaré pasando genial en Lisboa y me dará una pena terrible tenerme que ir, sobre todo, si tengo la gran suerte de encontrar a gente con la que pueda pasar buenos ratos, distraerme, conocer nuevas cosas, que es uno de los propósitos del viaje, aunque no el único. La verdad es que es un viaje lleno de propósitos de todo tipo...

Ahora voy a cerrar la maleta, a matar a todos los malditos mosquitos que me acaban de invadir la habitación (no os podéis imaginar cuántisssssssimos hay. Mucho me huele que esta noche me devoran), y a descansar... Pronto os cuento más, aunque espero que a muchos en persona :)